Por qué hago este blog

Para hilar la trama que nos junta en este universo, para que mis pensamientos se detengan en algún sitio, la palabra escrita es la escultura que diseñamos con ellos. Palabras dibujando la vida, sin pasado, sin futuro, en un presente continuo.


Para qué

Para aprehender el pensamiento volátil, dejarlo en la palabra, que de otra manera sería aire o éter.


Para quién

Para aquél que se conecte con lo que escribo, como yo me conecto con los textos de otros. Es la trama universal, el tejido enhebrado hilo a hilo.

Textos literarios

El hombre
Premio en el Certamen
“Arte en Letras del Río de la Plata” 1997



Un hombre
naciendo en la ternura
heredando estrellas
asomando al mundo
balbuceando palabras
existiendo en el canto
despertando en la risa
salvando amaneceres
jugando a ser milagro.

Un hombre
coloreando cuadernos
deletreando su nombre
ocupando la historia
conquistando regiones
celebrando promesas
abriendo las ventanas
templando la guitarra
descubriendo el amor.

Un hombre
escalando la vida
columpiando sueños
contemplando las manos
respondiendo al trabajo
aboliendo cansancio
redondeando la pena
despuntando alegría
festejando el sol.

Un hombre
sustentando el asombro
desprendiendo la piedra
buscando sus raíces
horadando la tierra
germinando memoria
hilvanando los tiempos
vertiendo sus orígenes
engendrando otros hombres.

Un hombre
amasando su pan
enjugando lágrimas
filtrando las heridas
cavilando injusticia
gastando la costumbre
extraviando rumbos
golpeando su madera
escondiendo el dolor.

Un hombre
develando la noche
descifrando los días
deshojando almanaques
transcurriendo en sus huesos
entregando la sangre
descendiendo de un centro
rodando entre ceniza
arribando al naufragio.


María Teresa Castillo


















Ajedrez        Jorge L. Borges



I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?



CABALLO

Tendría que empezar nombrándote,
Caballo,
como todos te nombran
desde que un pensamiento vivo
de dioses primigenios
sembró tu estirpe
en los cuatro elementos.

No sé que oscuro designio te maltrata.

Voces candentes de múltiples batallas
expiran aceros enredados en vértebras
que nunca se levantan.
El hombre caído, en tus patas exhala.

Callada boca, tu silencio me basta.
El dolor se sube hasta las lágrimas.

Y si la tierra vive en tus entrañas
se gestará pradera en tus pisadas,
libertad simbólica tu estampida
y la heráldica,
esculpida en el bronce
anónima es tu estampa.

Yo sé que algún pájaro
llevó tu corazón al cielo,
lo dejó constelado en la vía láctea
para que otros caballos de la tierra,
sombríos caballos del asfalto
cargando látigo, pesares, desperdicios,
se rediman en umbrales galácticos,
transmuten temblores y cansancio
recostados en sueños de caballos.

Buscaran esas almas el corazón alado
pintaran en la mente del tiempo,
de los mundos,
el cósmico sendero,
la ruta de Pegaso,
un templo de corceles
abierto en el espacio.

Allá, tendrá sentido haber sido caballo.

María Teresa Castillo
07 de diciembre de 2009



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