Génesis
Ondulaba la
luz en el círculo estremecedor
de la
penumbra.
la piedra
extenuada de vapores
gemía
primitiva, desnuda
en la grieta
de los tiempos.
Latíamos en
minerales,
estábamos
dolidos de letargo,
una ausencia
de formas
nos poseía
ingrávidos, invulnerables,
sin sabernos
principio
sin
sentirnos final.
Había un
desamparo en el caos infinito
repartiendo
turbulencias y gemidos
hasta el
delirio vibratorio de la calma.
El cosmos
nos venía desde adentro,
con
estrellas y mares
intestinos y sueños,
rasgando el
entramado de los días.
Vacilante,
oscuro,
macerado en
ciénagas amargas
su latido
existía en cada círculo
hasta
alcanzar la Luz.
Espiral
Entro a mi
corazón
donde mora
la Luz primigenia
recorro
paredes espejadas
que repiten
curvas.
Giro.
Transito un
espiral
que
desciende
dejándome
pequeña en algún sitio.
Me devuelve
intacta
a la orilla
que sube
ondulo en
remolinos azules
describo
nombres, formas,
extensas,
sutiles
voy tras una
nube
y soy la
nube
esmerilada,
líquida
disuelta en
la lluvia
mojados los
ojos, la boca.
Los pies se
pegan
a la húmeda
tierra
ofrecida su
copa cristalina
ablandando
raíces.
Me desprendo
estiro los
brazos…
Vuelo…
Renacer
Llegó el día
del último equinoccio.
Entró por la
puerta de los tiempos
con la
prestancia saludable de su rostro.
Giró la
cabeza,
la cabellera
de glicinas
quedó
envuelta en la redondez
de sus
brazos.
Luminosa,
pura, repartía estrellas
a su paso.
La magia
escanciaba
en todos los
corazones
que rodaban
a su encuentro,
anhelaban el
conjuro de su cetro
para
renacer.
La burbuja
crecía por cada pensamiento.
Y fui esa
burbuja
fui el brote
primero
la
conciencia final.
Fui un
pájaro contemplando
el sol sin
pestañear,
cimbrando
alas sobre el horizonte.
Regresé de
mi vuelo
buscando
aquellos brazos
entregada al
latido universal.
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